Roscos de vino con anís

Como estas fechas uno tiende a comer más dulces, os proponemos meteros en la cocina unos minutos y probar a hacer esta receta de roscos de vino caseros con cero grasa animal.

Somos fans del sabor al anís desde que tenemos uso de razón. Tal vez por aquellas tortas que tomábamos de niños hechas caseras, en las tahonas en Madrid. Esta receta contiene un toque de ese anís, que te transporta a tu infancia.

En este caso los hemos hecho con un vino Oporto pero podéis utilizar un vino moscatel o incluso vino tinto (aprovechando el culín que muchas veces sobra en las comidas) Según el vino que utilicéis, debeís regular un poco la cantidad de azúcar.

Los niños pueden comerlos, ¿eh?  que el alcohol se evapora en el horneado, no os vayáis a quedar con todos vosotros 🙂

INGREDIENTES:

Para la masa:

  •  500 gramos de harina de espelta integral
  •  120 g de azúcar de caña integral
  •  150 g de vino dulce
  •  125 g de aceite de oliva virgen extra
  •  1 sobre de levadura de repostería tipo(15 o 16 g)
  •  5 g de anís en grano (una cucharada y media)
  •  1 pizca de sal

Para poner en la superficie:

  •  Azúcar integral de caña

PREPARACIÓN:

Precalentamos el horno a 180º.

Ponemos en un recipiente la harina, el azúcar intergral, el vinito dulce, el aceite de oliva, la levadura, el anís en grano y la sal y mezclamos a mano homogéneamente todos los ingredientes. Nosotros preferimos primero juntar los ingredientes secos y luego añadir los líquidos.

Amasamos y compactamos la masa con las manos dándole forma de bola hasta que sea totalmente homogénea.

Vamos cogiendo porciones de masa del tamaño de una nuez grande y vamos formando los roscos.

Rebozamos solo una lado con azúcar integral de caña (esto es opcional, nosotros no los rebozamos porque no queremos poner más azúcar a los rosquitos)

Colocamos los roscos en la bandeja del horno, sobre un tapete de silicona o sobre una lámina de papel de horno, con la parte que tiene el azúcar hacia arriba.

Horneamos a 180º durante 20 minutos aproximadamente o hasta que veamos que están cocidos.

Una vez horneados los sacamos del horno y los dejamos enfriar sobre una rejilla.

Y a disfrutar de este pedazo de dulce navideño, pero aunque no sea Navidad también podemos disfrutarlos… jijiji… ¡es que están taaaaan ricos!

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